Iwasaki crea lo siniestro añadiendo elementos como el cuchillo manchado de sangre y la imagen de un padre que se transforma en una figura animada refiriendose a que le corta la mano. El efecto se dosifica gradualmente, comenzando con una visión inocente del padre y luego introduciendo detalles inquietantes como el cuchillo y el hacha. No hay escenas explícitas de violencia, pero se sugiere violencia con el cuchillo y el hacha, así como el tono amenazante del padre.
1- Iwasaki hace que lo siniestro surja de lo normal. Usa una atmósfera extraña, describe cosas que dan miedo y crea incertidumbre, lo que genera tensión en el lector. 2- Lo hace poco a poco. Primero, introduce cosas raras. Luego, aumenta el misterio con más detalles inquietantes. Al final, da un giro sorprendente que revela lo siniestro. 3- Más bien, deja que el lector imagine lo que está pasando, creando tensión sin mostrarlo claramente.
El primer párrafo empieza a mostrar ciertos signos sobre la dirección que va a tomar este relato, pues la sangre del cuchillo del padre de Gómez dudo que realmente se trate de la de un leopardo. Sutilmente la tonalidad se va marcando en cada párrafo, pues en el segundo la tensión aumenta cuando sabemos que el niño recibe acoso escolar, pero todavía no nos esperamos el desenlace. Pese a que no se explique explícitamente que el niño ha cortado la mano de su padre, la descripción de el hacha (de cortar carne) ya deja muy claro qué propósito va a servir en la resolución de la trama.
Lo siniestro del relato se intuye, pero no se muestra. Desde el principio se asoma la idea de que el protagonista no está demasiado conforme con que su padre no sea “nadie importante” como Skywalker o Tarzán. Además, aparecen varios elementos violentos, principalmente representados por el cuchillo manchado de sangre de leopardo y el cuchillo de cortar carne. Por lo tanto, se va dosificando la aparición de estos elementos que por sí solos quizás no relacionásemos con un final violento, pero que todos juntos más la conclusión del relato le dan esa dimensión. Por ello, el lector entiende en el final el por qué de los gritos del padre y qué tiene que ver ese cuchillo de cortar carne en la historia.
En este texto Iwasaki ha conseguido crear el efecto de lo siniestro a través de sus palabras y las pausas que ha utilizado. No ha creado en ningún momento una escena que represente de forma explícita la violencia, simplemente ha dado a entender que ha habido hechos violentos y siniestros. Ha ido dando “pequeñas pinceladas” de lo siniestro a lo largo de todo el texto: en el primer párrafo ha mencionado un cuchillo ensangrentado con sangre de leopardo, en el segundo párrafo ha hecho referencia a la violencia propia que sufre el niño y en el tercer párrafo ha dado a entender que, de tanto querer que su padre sea un villano, el niño ha conseguido que lo sea (o al menos así lo ha creído él). El hecho de que toda la narración esté contada desde el punto de vista del niño, da todavía un toque más siniestro a lo que se describe. En ningún momento se menciona la edad del protagonista, pero teniendo en cuenta las palabras y la simplicidad de las frases se puede suponer.
En el texto no aparece ninguna escena violenta como tal, pero sí aparece implícita. En mi opinión, el uso de la primera persona juega un gran papel en esta narración. Vemos los anhelos y el razonamiento que sigue el niño, quien no parece sentir remordimientos ni pensar que haya hecho nada malo, para justificar sus acciones. Este razonamiento se explica de manera muy ordenada, con el “efecto de lo siniestro” dosificado. En la primera parte, ya aparecen alusiones a armas blancas con la palabra “cuchillo” y “sangre”; en el segundo párrafo, el niño nos hace saber que le pegan en el colegio; y, finalmente, en el tercero, tras la construcción de un ambiente lúgubre y tétrico mediante palabras como “blanco”, “pálido”, “flaco y largo”, “luna” y “aullidos”, el protagonista cuenta cómo coge un “hacha para cortar la carne” y la usa en su padre para que se convierta en el Capitán Garfio.
Iwasaki logra el efecto de lo siniestro mediante el empleo de elementos como el cuchillo con sangre o el hacha de cortar la carne. Desde el primer momento se muestran indicios sobre el siniestro que va a ocurrir (cuchillo ensangrentado). En el texto no aparece explícitamente cómo el niño corta la mano a su padre, sino que se deja caer cuando se dice que el padre grita de dolor (sabemos que el hacha es para cortar “carne”, o sea, la mano de su padre en este caso).
El relato "Peter Pan" de Fernando Iwasaki consigue el efecto de lo siniestro gracias a la combinación de elementos cotidianos e inocentes con detalles perturbadores y violentos, como, por ejemplo, el cuchillo ensangrentado o los aullidos. Todo ello se intensifica bajo la ambigüedad entre lo real y lo fantástico, sin dejar muy claro dónde queda el límite entre la imaginación del niño y los acontecimientos reales. A lo sumo, las pinceladas siniestras aparecen de forma gradual, de manera que, al estar narrado por la voz de un niño, el inicio del texto puede parecer simplemente una fantasía sobre los héroes populares, no obstante, según avanza, la lectura va llenándose de violencia, hasta que el propio niño coge el hacha, dispuesto al ataque. Aún así, no se describe ninguna escena explícitamente violenta, simplemente todo esa agresividad va pintando el relato hasta acapararlo por completo.
¿Cómo ha conseguido Iwasaki el efecto de lo siniestro?: Iwasaki crea un ambiente de lo siniestro haciendo que el padre parezca “fantasmal” usando descripciones como “flaco y largo”, “sus manos pálidas”. Asimismo, incluye símbolos como el hacha, el cuchillo, la luna y los aullidos que crean esa sensación siniestra y refuerzan la sensación de amenaza. También se mencionan personajes como el Capitán Garfio, a quien relacionamos con actos crueles. Así pues, el hecho de que la historia esté contada desde el punto de vista de un niño hace que se cree una visión distorsionada y en este sentido siniestra de la realidad.
¿Cómo lo ha dosificado?: Inicia la historia de forma inocente, haciendo uso del humor y tratando a su padre como alguien común. A medida que avanza la historia se añaden detalles más oscuros e inquietantes creando una atmósfera misteriosa. Además, la escena culmina con el niño cogiendo el hacha y cortándole la mano a su padre, transformándose así en el hijo del Capitán Garfio. Este giro sorprende y descoloca al lector, dejando una inquietud palpable. En resumen, Iwasaki dosifica el efecto siniestro de forma gradual a lo largo del texto. Comienza estableciendo un contraste entre los padres de sus amigos, que son presentados como superhéroes o villanos famosos, y su propio padre, que parece ordinario. A medida que avanza la historia, la tensión aumenta y la atmósfera se vuelve cada vez más oscura, culminando en la “transformación” del padre del protagonista en el Capitán Garfio.
¿Aparecen en el texto escenas violentas?: La violencia está más sugerida que explícita. Así pues, no hay actos violentos directos, pero el hacha y los gritos del padre crean una sensación de violencia. Detalles como la sangre en el cuchillo muestran cómo lo violento se normaliza en la imaginación del niño.
Desde mi punto de vista, este texto es un prodigio narrativo, más por lo que calla que por lo que dice, más por lo que insinúa que por lo que desvela.
La primera frase nos hace deslizarnos por la grieta del realismo mágico por un lado, y por la de los referentes culturales de las películas de Marvel y compañía de la cultura contemporánea audiovisual por otro: “Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos”.
Nos sitúa en un contexto peculiar y atractivo, original, logra captar nuestra atención desde el primer instante.
El efecto siniestro se produce con la imaginación, que es mucho más poderosa que lo explícito. Volvemos a beber de las referencias culturales, esta vez de los cuentos de Disney, para afrontar la tremenda anagnórisis que supone la figura del capitán Garfio en contraposición a la del anodino vendedor de seguros que nos presenta el narrador.
¿Qué le falta a ese vendedor para convertirse en Garfio? Si a esa pregunta le añadimos el ingrediente del protagonista cogiendo el “hacha de cortar carne”, tenemos una referencia implícita al acto que se va a cometer.
En efecto, el autor no lo ha explicitado, pero por las referencias mencionadas, el lector lo deduce.
¿Y cómo llega esa deducción?
A través de un instrumento emocional poderosísimo, la imaginación.
El autor en realidad juega emocionalmente con el lector, llevándole exactamente por donde quiere. Incluso le conduce a empatizar con el narrador, mencionando explícitamente el acoso escolar al que es sometido.
Y cuando se ha producido este sentimiento de empatía, el choque posterior es mucho más intenso por contraste.
A eso se le llama jugar con maestría con el lenguaje y con el tono narrativo.
Iwasaki crea lo siniestro añadiendo elementos como el cuchillo manchado de sangre y la imagen de un padre que se transforma en una figura animada refiriendose a que le corta la mano. El efecto se dosifica gradualmente, comenzando con una visión inocente del padre y luego introduciendo detalles inquietantes como el cuchillo y el hacha. No hay escenas explícitas de violencia, pero se sugiere violencia con el cuchillo y el hacha, así como el tono amenazante del padre.
ResponderEliminar1- Iwasaki hace que lo siniestro surja de lo normal. Usa una atmósfera extraña, describe cosas que dan miedo y crea incertidumbre, lo que genera tensión en el lector.
ResponderEliminar2- Lo hace poco a poco. Primero, introduce cosas raras.
Luego, aumenta el misterio con más detalles inquietantes. Al final, da un giro sorprendente que revela lo siniestro.
3- Más bien, deja que el lector imagine lo que está pasando, creando tensión sin mostrarlo claramente.
El primer párrafo empieza a mostrar ciertos signos sobre la dirección que va a tomar este relato, pues la sangre del cuchillo del padre de Gómez dudo que realmente se trate de la de un leopardo. Sutilmente la tonalidad se va marcando en cada párrafo, pues en el segundo la tensión aumenta cuando sabemos que el niño recibe acoso escolar, pero todavía no nos esperamos el desenlace. Pese a que no se explique explícitamente que el niño ha cortado la mano de su padre, la descripción de el hacha (de cortar carne) ya deja muy claro qué propósito va a servir en la resolución de la trama.
ResponderEliminarLo siniestro del relato se intuye, pero no se muestra. Desde el principio se asoma la idea de que el protagonista no está demasiado conforme con que su padre no sea “nadie importante” como Skywalker o Tarzán. Además, aparecen varios elementos violentos, principalmente representados por el cuchillo manchado de sangre de leopardo y el cuchillo de cortar carne. Por lo tanto, se va dosificando la aparición de estos elementos que por sí solos quizás no relacionásemos con un final violento, pero que todos juntos más la conclusión del relato le dan esa dimensión. Por ello, el lector entiende en el final el por qué de los gritos del padre y qué tiene que ver ese cuchillo de cortar carne en la historia.
ResponderEliminarEn este texto Iwasaki ha conseguido crear el efecto de lo siniestro a través de sus palabras y las pausas que ha utilizado. No ha creado en ningún momento una escena que represente de forma explícita la violencia, simplemente ha dado a entender que ha habido hechos violentos y siniestros. Ha ido dando “pequeñas pinceladas” de lo siniestro a lo largo de todo el texto: en el primer párrafo ha mencionado un cuchillo ensangrentado con sangre de leopardo, en el segundo párrafo ha hecho referencia a la violencia propia que sufre el niño y en el tercer párrafo ha dado a entender que, de tanto querer que su padre sea un villano, el niño ha conseguido que lo sea (o al menos así lo ha creído él).
ResponderEliminarEl hecho de que toda la narración esté contada desde el punto de vista del niño, da todavía un toque más siniestro a lo que se describe. En ningún momento se menciona la edad del protagonista, pero teniendo en cuenta las palabras y la simplicidad de las frases se puede suponer.
En el texto no aparece ninguna escena violenta como tal, pero sí aparece implícita. En mi opinión, el uso de la primera persona juega un gran papel en esta narración. Vemos los anhelos y el razonamiento que sigue el niño, quien no parece sentir remordimientos ni pensar que haya hecho nada malo, para justificar sus acciones. Este razonamiento se explica de manera muy ordenada, con el “efecto de lo siniestro” dosificado. En la primera parte, ya aparecen alusiones a armas blancas con la palabra “cuchillo” y “sangre”; en el segundo párrafo, el niño nos hace saber que le pegan en el colegio; y, finalmente, en el tercero, tras la construcción de un ambiente lúgubre y tétrico mediante palabras como “blanco”, “pálido”, “flaco y largo”, “luna” y “aullidos”, el protagonista cuenta cómo coge un “hacha para cortar la carne” y la usa en su padre para que se convierta en el Capitán Garfio.
ResponderEliminarIwasaki logra el efecto de lo siniestro mediante el empleo de elementos como el cuchillo con sangre o el hacha de cortar la carne. Desde el primer momento se muestran indicios sobre el siniestro que va a ocurrir (cuchillo ensangrentado). En el texto no aparece explícitamente cómo el niño corta la mano a su padre, sino que se deja caer cuando se dice que el padre grita de dolor (sabemos que el hacha es para cortar “carne”, o sea, la mano de su padre en este caso).
ResponderEliminarEl relato "Peter Pan" de Fernando Iwasaki consigue el efecto de lo siniestro gracias a la combinación de elementos cotidianos e inocentes con detalles perturbadores y violentos, como, por ejemplo, el cuchillo ensangrentado o los aullidos. Todo ello se intensifica bajo la ambigüedad entre lo real y lo fantástico, sin dejar muy claro dónde queda el límite entre la imaginación del niño y los acontecimientos reales. A lo sumo, las pinceladas siniestras aparecen de forma gradual, de manera que, al estar narrado por la voz de un niño, el inicio del texto puede parecer simplemente una fantasía sobre los héroes populares, no obstante, según avanza, la lectura va llenándose de violencia, hasta que el propio niño coge el hacha, dispuesto al ataque. Aún así, no se describe ninguna escena explícitamente violenta, simplemente todo esa agresividad va pintando el relato hasta acapararlo por completo.
ResponderEliminar¿Cómo ha conseguido Iwasaki el efecto de lo siniestro?: Iwasaki crea un ambiente de lo siniestro haciendo que el padre parezca “fantasmal” usando descripciones como “flaco y largo”, “sus manos pálidas”. Asimismo, incluye símbolos como el hacha, el cuchillo, la luna y los aullidos que crean esa sensación siniestra y refuerzan la sensación de amenaza. También se mencionan personajes como el Capitán Garfio, a quien relacionamos con actos crueles. Así pues, el hecho de que la historia esté contada desde el punto de vista de un niño hace que se cree una visión distorsionada y en este sentido siniestra de la realidad.
ResponderEliminar¿Cómo lo ha dosificado?: Inicia la historia de forma inocente, haciendo uso del humor y tratando a su padre como alguien común. A medida que avanza la historia se añaden detalles más oscuros e inquietantes creando una atmósfera misteriosa. Además, la escena culmina con el niño cogiendo el hacha y cortándole la mano a su padre, transformándose así en el hijo del Capitán Garfio. Este giro sorprende y descoloca al lector, dejando una inquietud palpable.
En resumen, Iwasaki dosifica el efecto siniestro de forma gradual a lo largo del texto. Comienza estableciendo un contraste entre los padres de sus amigos, que son presentados como superhéroes o villanos famosos, y su propio padre, que parece ordinario. A medida que avanza la historia, la tensión aumenta y la atmósfera se vuelve cada vez más oscura, culminando en la “transformación” del padre del protagonista en el Capitán Garfio.
¿Aparecen en el texto escenas violentas?: La violencia está más sugerida que explícita. Así pues, no hay actos violentos directos, pero el hacha y los gritos del padre crean una sensación de violencia. Detalles como la sangre en el cuchillo muestran cómo lo violento se normaliza en la imaginación del niño.
Desde mi punto de vista, este texto es un prodigio narrativo, más por lo que calla que por lo que dice, más por lo que insinúa que por lo que desvela.
ResponderEliminarLa primera frase nos hace deslizarnos por la grieta del realismo mágico por un lado, y por la de los referentes culturales de las películas de Marvel y compañía de la cultura contemporánea audiovisual por otro: “Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos”.
Nos sitúa en un contexto peculiar y atractivo, original, logra captar nuestra atención desde el primer instante.
El efecto siniestro se produce con la imaginación, que es mucho más poderosa que lo explícito. Volvemos a beber de las referencias culturales, esta vez de los cuentos de Disney, para afrontar la tremenda anagnórisis que supone la figura del capitán Garfio en contraposición a la del anodino vendedor de seguros que nos presenta el narrador.
¿Qué le falta a ese vendedor para convertirse en Garfio? Si a esa pregunta le añadimos el ingrediente del protagonista cogiendo el “hacha de cortar carne”, tenemos una referencia implícita al acto que se va a cometer.
En efecto, el autor no lo ha explicitado, pero por las referencias mencionadas, el lector lo deduce.
¿Y cómo llega esa deducción?
A través de un instrumento emocional poderosísimo, la imaginación.
El autor en realidad juega emocionalmente con el lector, llevándole exactamente por donde quiere. Incluso le conduce a empatizar con el narrador, mencionando explícitamente el acoso escolar al que es sometido.
Y cuando se ha producido este sentimiento de empatía, el choque posterior es mucho más intenso por contraste.
A eso se le llama jugar con maestría con el lenguaje y con el tono narrativo.