domingo, 20 de octubre de 2024

¡Mañana, examen!

 



ACTIVIDAD 1

¿Es necesario un examen? ¿Es imprescindible? ¿No hay alternativas?

10 comentarios:

  1. En mi opinión, los exámenes pueden ser útiles para medir ciertos conocimientos, pero no son imprescindibles ni la única opción de evaluación ya que la nota de un alumno no debería depender de un examen. Hay factores externos que pueden influir negativamente en esta nota por mucho que se haya esforzado el alumno. Existen alternativas, como proyectos, ensayos o presentaciones, que permiten una evaluación más completa al reflejar habilidades como la investigación, el análisis y el trabajo en equipo. Pienso que la evaluación debería motivar al estudiante a profundizar en el conocimiento, y no solo a memorizar, por lo que combinar diferentes métodos podría ofrecer una visión más integral del aprendizaje. Quería destacar también que en los trabajos tanto individuales como grupales he aprendido más que con un examen y que he conseguido una mejor puntuación.

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  2. A pesar de que el examen es un método que siempre se ha catalogado como el adecuado, hay distintas alternativas que, nosotros, como docentes, podemos emplear para evaluar a nuestros alumnos. Sobre todo, conservar testimonios escritos que constaten que nuestros alumnos han realizado los ejercicios adecuadamente es una buena forma de mantener una evaluación contínua. Sin embargo, conviene dejar clara la importancia que estas tareas tienen para su posterior evaluación, puesto que si no comprenden que tienen que tomarse en serio la asignatura puede que no le den mucha importancia tampoco a los ejercicios y nos encontraremos al final del curso con unas muestras que no van a reflejar de manera adecuada si ha tenido éxito o no nuestra metodología. Por lo tanto, el examen es reemplazable, pero estoy seguro de que los alumnos agradecerían el uso de una metodología contínua si les enseñan su valor y la importancia que deben darle.

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  3. No creo que para evaluar sea necesario un examen como se lo conoce tradicionalmente. Considero que existen otros recursos que pueden evaluar mejor el conocimiento (o más bien la competencia) del estudiante, como los trabajos grupales o individuales, a los que me considero más adepta. Estos trabajos pueden consistir en trabajos escritos formales, en presentaciones orales, la elaboración o creación del estudiante del “producto” que el docente le haya pedido, etc. De cualquier manera, considero que lo verdaderamente importante es que estos métodos de evaluación tienen que implicar una cierta proactividad, alentar la reflexión del alumnado y despertar algún tipo de curiosidad o interés en ellos, para lo que resulta esencial la conexión de este método de evaluación con la practicidad de la competencia, es decir, con el acercamiento al día a día; objetivo que, en mi opinión, no consiguen los exámenes.

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  4. Los exámenes han sido tradicionalmente el método estándar para evaluar el aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, es cuestionable si realmente son imprescindibles. En mi opinión, más que medir el conocimiento adquirido, son una herramienta que genera estrés y que fomentan la memorización en lugar del aprendizaje. Por eso, creo que sí que existen alternativas que pueden ofrecer una visión más completa del proceso de aprendizaje y fomentar habilidades como la reflexión crítica y la creatividad. Pienso que hay maneras más efectivas que los exámenes para valorar el conocimiento. Por ejemplo, en mi experiencia, he tenido algunas asignaturas en las que la evaluación se ha hecho mediante un portafolio o un proyecto. Algo que se me ha quedado grabado y en lo que más he aprendido ha sido a la hora de hacer un proyecto de doblaje en la asignatura de traducción. Creo que es una de las maneras en la que los alumnos puedan aprender a la vez que fomentan otras competencias como la creatividad o el trabajo en equipo. En conclusión y basándome en mi experiencia, creo que los exámenes no deben de ser la norma para evaluar los conocimientos, y creo que los docentes deberían buscar otras formas, no siempre ir a lo “fácil” y hacer un examen, cuando hay múltiples formas de evaluación.

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  5. Aunque no sea tarea fácil y resulte algo complicado a veces evaluar a los alumnos haciendo uso de otras herramientas dejando de lado los exámenes, me parece que sería la mejor alternativa, puesto que en mi opinión el proceso de Enseñanza-Aprendizaje sería más beneficioso. Es por eso que algunas de las alternativas que se me ocurren son las siguientes:
    1. Actividades hechas en el aula (trabajos individuales y grupales)
    2. Exposiciones orales
    3. Participación en clase
    4. Debates (participación en estos y buen uso de las normas de debate)
    5. Portafolio
    6. Rúbricas de evaluación
    7. Listas de cotejo
    8. Autoevaluación
    9. Coevaluación
    10. Proyectos (ABP)
    11. Redacciones

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  6. Si bien creo que la evaluación es un elemento necesario, en mi opinión, los exámenes podrían ser sustituidos por unas pruebas más activas y sumativas, como pueden ser los trabajos, cuestionarios, presentaciones en clase, etc. A fin de cuentas, la teoría dada en clase puede evaluarse mediante cualquier otro medio que no suponga el estrés y la presión que genera un examen. Sin embargo, es cierto que los alumnos, muchas veces, necesitan de esa presión extra para rendir de la mejor manera, por lo que la decisión de suprimir los exámenes a veces puede ser más negativa que positiva en cuanto a los resultados se refiere. Por ello, creo que la solución, a grandes rasgos, sería crear un sistema evaluativo que realmente incentive y proyecte el aprendizaje, creando actividades que supongan un reto para el alumno pero no lo sometan al estrés de tener que memorizar todos los contenidos para un examen.

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  7. Sí que considero que la evaluación es algo necesario en la educación de los alumnos, sin embargo, no creo que el mejor método de evaluar sean los exámenes. La teoría siempre (o casi siempre) puede evaluarse mediante un trabajo práctico, sin que esto añada el agobio, estrés y ansiedad extra del examen a los alumnos. Creo que es importante que nosotros como profesores sepamos cuánto sabe nuestro alumnado o en qué aspectos debemos reforzar la enseñanza, pero no creo que un examen sea la mejor forma de evaluar esa información. La palabra “examen” en sí misma la asociamos a una prueba a contrarreloj en la que estamos solos “ante el peligro” y eso condiciona mucho el resultado que podamos obtener. Por eso sí que creo que hay que evaluar los conocimientos de los alumnos, pero no creo que el método ideal sea un examen o prueba final; esta evaluación puede ir haciéndose poco a poco y a medida que se van avanzando las explicaciones en el aula.

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  8. La pregunta es si hay alternativa al examen. Eso significa que de alguna forma es como si alguien presupusiera que en la galaxia educativa todo gira alrededor del examen, como en la Vía Láctea alrededor del sol.

    ¿Por qué creemos eso? Porque siempre se ha hecho así. Pero cuando nuestros antepasados daban por supuesto que la tierra era plana, el nuevo paradigma de un planeta redondo vino a golpear con una afirmación clara y sencilla: las cosas no necesariamente son como siempre se han hecho o se ha pensado que eran.

    Los exámenes en mi opinión son una perversión del sistema, un fallo en la Matrix. Los adolescentes poseen una curiosidad natural por el mundo, aman aprender de forma natural. Pero si en vez de una motivación intrínseca como el amor al aprendizaje les obligamos a funcionar con la motivación extrínseca del examen, estamos pervirtiendo la naturaleza misma del aprendizaje.

    En mi opinión, si presuponemos que no hay más remedio que calificar (lo cual sería tema para otro debate) la forma menos invasiva de hacerlo es la observación del profesor a los alumnos en clase o la calificación de ciertas tareas o trabajos. Para ello es condición deseable que el número de alumnos sea reducido.

    Una de mi mejores asignaturas en la universidad fue “Crítica de arte”, que consistía en que cada día quedábamos con el profesor en un museo, y luego escribíamos la crítica de esa exposición. Fue genial.

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  9. A pesar de que no se trate de una tarea fácil de implantar en las aulas, existen diversas maneras efectivas de evaluar al alumnado, garantizando un aprendizaje exitoso y significativo. Mediante ellas, se logra un seguimiento continuo del estudiante, es decir, se observa su progreso. Algunas de las alternativas pueden ser las siguientes, pero como docente siempre hay que estar atento a si este método de evaluación es el correcto y hacer autocrítica (y si fuera necesario hacer cambios en este método de evaluación):

    Portafolio.
    Exposiciones orales.
    Debates.
    Proyectos (ABP) con un producto final.
    Diarios de aprendizaje.
    Actividades del aula (individuales o grupales).
    Resolución de problemas o casos que les haga pensar.

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  10. No creo que realizar un examen sea una práctica indispensable de cualquier asignatura. Principalmente porque existen otros métodos válidos y muy útiles para evaluar los logros de los estudiantes que en muchos casos pueden ser incluso más beneficiosos que un examen tradicional. No digo que no pueda ser beneficioso, pero es que esta idea la relaciono mucho con la sensación de ansiedad que me generaba tener un examen, sobre todo la noche y los minutos previos a tener que meterme en ese aula del cual saldría con una nota puesta en la frente, como si mis conocimientos se pudiesen valorar o cuantificar en sesenta minutos que dura el control. Por esta misma razón creo que relaciono mucho los exámenes con los nervios que sentía. Una alternativa posible y que me parece interesante es realizar proyectos.

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