miércoles, 30 de octubre de 2024

Termina la historia

TERMINA LA HISTORIA

Actividad 3

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Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó. Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria, que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a comenzar su conversación con el anciano.

Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a una fiesta de fin de semana. De pronto, tironeó la manga del conductor y le pidió que detuviera el auto. Allí, a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.

-Espéreme un momento -suplicó, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole alocadamente.

Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos menores detalles recordaba ahora con tanta precisión. El mismo anciano del sueño respondía a su impaciente llamado.

-Dígame -dijo ella-, ¿se vende esta casa?

-Sí -respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la compre. ¡Un fantasma, hija mía, frecuenta esta casa!

10 comentarios:

  1. La joven, con el corazón acelerado, decidió preguntar: "¿Qué tipo de fantasma?" El anciano la miró con una mezcla de tristeza y advertencia antes de responder: "Es un espíritu atrapado, esperando ser liberado por alguien dispuesto a conocer su historia." Sin dudarlo, ella decidió entrar, sintiendo que esa era la razón de su sueño.

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  2. -¿Un fantasma? -preguntó la joven- ¿qué sucede, pues, para que usted afirme su presencia?

    - Cada noche, a altas horas de la madrugada, cuando el sol hiberna y yo le sigo en mi cama, se oyen fuertes golpes en la puerta, como si alguien llamara. Sin embargo, cuando abro, no se ve a nadie, solo una helada brisa que a los segundos se disipa.

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  3. La joven tenía el presentimiento de que la casa debía ser suya, ignorando la advertencia del anciano. En cuanto entró, sentía que alguien le seguía, pero la casa estaba vacía. Mientras exploraba las habitaciones, todo le resultaba familiar, como si hubiera estado allí antes. En un rincón encontró un espejo antiguo, y al mirarlo, su reflejo parecía distinto. Pero de repente, despertó de su sueño.

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  4. Finalizar el cuento

    Yo le miré asombrada.
    - ¿Un fantasma? – repetí, como si no le hubiera entendido bien.
    - Sí, y además es muy pesado.
    Ante esa declaración me eché a reír. La verdad es que ni siquiera sabía muy bien por qué. Quizá era por lo surrealista de la situación, o quizá por algo que había comido. El anciano me miró muy serio y me increpó:
    - Creo que no eres consciente de la situación – y comenzó a acercarse cada vez más a mí. Según lo hacía constaté estupefacta que a través del cuerpo del anciano se transparentaba la mesilla estilo rústico que había detrás. Sus ojos brillaron y…

    Desperté.

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  5. - ¿Un fantasma? - preguntó la joven curiosa.
    - Sí, eso es lo que he dicho. No siempre está en la casa, pero últimamente este espíritu ha pasado aquí más tiempo del que me gustaría.

    La joven no estaba entendiendo qué era lo que pasaba, pero estaba segura de que no era casualidad que la casa que aparecía en sus sueños estuviera encantada. Le pidió al anciano que le mostrase la casa y este la invitó a entrar a regañadientes. A pesar de las advertencias del anciano, la joven decidió seguir paseándose por aquella casa que le resultaba tan familiar... Cuando quiso volver a hablar con el anciano que le había abierto la puerta se dio cuenta de que estaba sola en la casa de la colina.

    El día siguiente, el conductor denunció la desaparición de una joven que se había perdido por el camino.

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  6. La joven hizo caso omiso a la recomendación del anciano y fue a la inmobiliaria para efectuar la compra de la casa. En la inmobiliaria, comentó que el anciano, dueño de la casa, le había dado los datos para la compra. Sin embargo, la mujer que la atendió le comunicó que eso no podía ser posible pues la casa estaba inhabitada desde hacía años pues el dueño de ella falleció.

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  7. –No me dan miedo los fantasmas – rio la joven.
    El anciano quedó en silencio por un instante.
    –Pues deberías, porque el fantasma… soy yo
    Días más tarde, la joven fue encontrada, asesinada en mitad de la colina, con marcas de estrangulamiento en el cuello.

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  8. - ¿Un fantasma? – Se rió la joven.
    - Así como oye, señorita. Un fantasma. Y le pediría que, por favor, no se riese. Es un asunto muy serio.
    - No creo en esas cosas. Quiero comprar la casa.
    Tres semanas y mucho papeleo después, la joven se instaló en la casa entusiasmada. Olvidó la historia que le había contado el anciano que salió hace unas semanas. Pero una noche escuchó un ruido…

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  9. La joven, intrigada pero decidida, miró al anciano y dijo con firmeza:

    - No me importa el fantasma. Si esta casa se me ha aparecido tantas veces en sueños, tiene que ser por algo.

    El anciano la observó en silencio por un momento y luego asintió con una leve sonrisa.

    - Entonces, bienvenida a casa - respondió mientras le entregaba una vieja llave.

    Cuando la joven cruzó el umbral de la casa, sintió que algo invisible la envolvía. No era miedo, sino una extraña sensación de pertenencia, como si siempre hubiera estado destinada a estar allí.

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  10. –He visto esta casa en mis sueños una y otra vez. Puede que sea un mensaje, ese fantasma quería que viniera hasta aquí. –casi murmuró la joven, con la mirada perdida en el suelo.

    El anciano la miró con preocupación en su rostro.

    –No es una buena idea muchacha, créeme. Habrás podido soñar con esta casa, pero, si vivieras aquí, no podrías pegar ojo en toda la noche. Ruidos y movimientos extraños se apoderan de esta casa llegada la madrugada.

    –Pero señor, no lo entiende. Se trata de un alma en pena, estoy segura. Es un alma atrapada que busca ayuda para poder ir al más allá.

    El anciano frunció el ceño.

    –Lo siento, pero no pienso dejar esta casa a una desconocida para ponerla patas arriba investigando un supuesto asesinato.

    –¿Señor?

    –¿Qué quiere ahora?

    –No he mencionado en ningún momento que pudiera haber sido asesinado.

    El anciano la miró con seriedad y firmeza, manteniendo la mirada en sus ojos durante varios segundos. Finalmente, respondió de forma cortante.

    –Con un fantasma en la casa es suficiente.

    El anciano cerró la puerta dando un portazo.

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